¡Pataletas! Y ahora, ¿Qué hago?

Una de las preguntas más frecuentes que recibo de los padres es ¿Qué hago cuándo mi hijo arma una pataleta? Que levante la mano quien no ha pasado por esto por lo menos una vez en su vida: Entramos al supermercado y de pronto nuestro niño/a de 2 o 3 años aproximadamente, nos pide comprar una bolsa de golosinas (de esas que siempre colocan cerca a la caja para que, mientras formamos la cola para pagar, te tientes de echarla al carrito). Le decimos a nuestro peque que no llevamos el dinero para eso, que hemos ido a buscar otras cosas, que le hace daño, etc. etc. pero él/ella parece no entender y empieza lo que muchos llaman “berrinche”. Yo prefiero llamarlo “desborde emocional”. ¿Se te hace conocido?

La pataleta, también conocida como rabieta o berrinche es la forma que tiene el niño (y a veces también el adulto) de demostrar su enfado por algo que no logra comprender. Está experimentando un estado horrible de frustración que no consigue manejar, que sencillamente lo está sobrepasando. Si frente a uno de esos episodios de desborde emocional recordamos que un niño menor de 3 años no tiene el cerebro completamente formado, tal vez podamos entender mejor lo que está pasando. El peque a esta edad es puro instinto, funciones corporales y emociones. Aún no desarrolla el cerebro superior que le permite adelantar las consecuencias de sus actos, no puede aún razonar y mucho menos verbalizar. Por lo tanto, no hacen ese berrinche para manipularnos, no es a propósito, ni para hacer enojar a sus padres, tampoco están tratando de controlar a todos a su alrededor (todas esas acciones requieren un nivel de desarrollo cognitivo que un niño menor de 3 años no tiene).

Comprendiendo que durante un episodio de rabieta ellos la pasan peor que nosotros, entenderemos también que en este momento nuestro hijo necesita mucho amor y contención. Ese llanto y esa ira que no puede manejar es un llamado de auxilio pidiendo regulación. Reprenderlo, castigarlo o ignorarlo no es la mejor solución en estos casos. Lo más respetuoso, es ayudarlo/a calmarse y a gestionar la situación, pues él/ella no puede hacerlo solo/a y necesita nuestra ayuda. Si queremos que el niño regrese a la calma, nosotros, que somos los adultos maduros, debemos demostrar calma primero. Empieza por mostrar respeto hacia su enojo y empatiza con él. Si respetas a tu niño, él respetará; si lo gritas, él les gritará después a los demás. Se trata de promover el autocontrol de las emociones, evita las conductas desafiantes. En una siguiente entrada profundizaremos sobre estrategias para abordar los desbordes emocionales.

Te dejo esta frase que a me encanta «Quiéreme cuando menos me lo merezco porque es cuando más lo necesito».

 

Carmen Solís

 

*Imagen extraída de internet

 

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