¿Cómo manejamos el enojo?

El enojo es una emoción básica y totalmente válida que experimentamos, tanto adultos como niños, en diferentes momentos La manera instintiva de expresar ese enfado es con una respuesta agresiva; sin embargo, como sabemos, responder instintivamente no siempre es lo más sano. Por eso es muy importante aprender desde muy pequeños a gestionar nuestras emociones.

¿Qué podemos hacer los padres?

La forma en que respondemos a las situaciones conflictivas influye de manera significativa en el aprendizaje de nuestro hijo/a. Nuestros peques necesitan de nuestra guía para poder expresar y dominar sus emociones correctamente. Esta capacidad les servirá hasta la adultez y redundará en su bienestar integral.

Algunas sugerencias:

  • Valida sus emociones. Enojarse no es malo. El enojo no se debe reprimir, pero debemos aprender a expresarlo de manera adecuada. Enséñales que puede admitirse cualquier sentimiento, pero no cualquier comportamiento. Es decir, uno puede sentirse frustrado, pero no por ello puede golpear, patear o agarrar a otro para expresar lo que siente.
  • Ayúdalo a desarrollar empatía, ponte en su lugar y enséñale a ponerse en el lugar de otros. Por ejemplo, “Entiendo que te enojes, yo también me hubiera enfadado”; le puedes preguntar: “¿Cómo crees que se puede sentir Ana cuando le quitas su juguete?” o “¿Cómo te sentirías tú si Fabio te hiciera lo mismo?”
  • Cada situación que lleva a tu hijo a afrontar sentimientos de enfado es una oportunidad de aprendizaje. Cuando notes que tu peque mantiene la calma ante una situación irritante, remárcalo y felicítalo. Por el contrario, si notas que no controla bien la cólera ante una situación particular, acércate, ponte a su altura, y ayúdale a resolver el problema. Pregúntale, por ejemplo “¿Qué podrías hacer para que Lucía sepa que te disgusta que agarre tus colores?”. Ayúdale a encontrar opciones como “le digo que me enoja”, “decirle: no me gusta que hagas eso”, “le aviso a un adulto”.
  • Por último, no toleres acciones violentas pensando que “son cosas de niños”, tampoco te mofes o hagas escarnio de la situación. Recíbelas como una excelente oportunidad de enseñar gestión de emociones desde muy temprana edad.

 

Carmen Solís

Psicóloga Psicoterapeuta

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