Las despedidas

Algo que definitivamente nos cuesta a todos los padres y madres son las despedidas de nuestros hijos cuando tenemos que salir a trabajar, irnos de viaje o, por alguna otra razón, dejarlo al cuidado de otra persona.

  • Que se distraiga y salgo
  • No le digas que te vas, espera a que se dé la vuelta y te escapas.
  • Si me ve salir, llora mucho. Mejor le digo que voy al baño y aprovecho para irme

… ¿Te resulta familiar? 

La separación de un niño pequeño de su adulto significativo puede provocar mucha ansiedad expresada con llantos muy fuertes. Esto es más común entre los 1 y 3 años aproximadamente. Por esta razón, al padre, madre o cuidador le cuesta despedirse y, con frecuencia, trata de evitar la situación. A veces, preferimos salir a escondidas para evitar que pasen (pasemos) un mal momento, pero esa no es la mejor alternativa. 

Te dejamos algunas sugerencias para estos casos : 

  • Avísale con anticipación (pero no tanta que le genere angustia) y dale algunos detalles de tu salida (cuánto te vas a tardar, dónde vas, con quién se va a quedar, etc.).
  • Dale una idea del tiempo que estarás fuera. Dependiendo de su edad, deberás relacionarlo con algo concreto y conocido: Por ejemplo: Lo que duran dos dibujos animados, cuando sea de noche, saldrá el sol un día y luego regresaré de viaje, cuando la manesilla pequeña del reloj llegue a esta marca, etc.
  • Hacer una rutina de despedida calmada y corta. Por ejm: con un beso, abrazo y una frase breve: “mamá estará aquí de regreso pronto».
  • Cuéntale lo que hará en tu ausencia. Por ejm: «vas a ponerte la pijama y te leerán el cuento que más te guste».
  • Evita transmitir nerviosismo o prolongar la despedida ya que hará la situación más angustiante para ambos.
  • Intenta no cambiar los planes y quedarte de manera repetitiva, ya que no permitirás que viva su propio proceso.

 Recuerda que su seguridad y confianza dependerá de tu propia tranquilidad. Poco a poco, tu peque entenderá que tus salidas tienen un regreso. Hacer un ritual de despedida sin desaparecer o engañar, refuerza nuestros vínculos a partir de la confianza y certidumbre de lo que va a pasar: «Se va, pero regresa». Además, de ser los inicios de su propia independencia emocional. 

Carmen Solís

Psicóloga Psicoterapeuta

Directora de ReCreo

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